CIRCULOS INFINITOS

EL VIAJE DE UNA VIDA

VIDAL ESTEVEZ Season 2 Episode 3

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Corremos tanto por llegar a “lo que sigue” que a veces no notamos cuándo se nos fue lo que hoy daríamos todo por repetir. Nos sentamos a contar una historia sencilla y honesta sobre el paso del tiempo: la infancia llena de colores, la adolescencia que sueña con crecer, el primer beso que por fin nos hace querer pausar el reloj, y esa cadena de metas que parece prometer libertad pero termina acelerando los días.

La conversación se vuelve más profunda cuando aparecen la vida adulta, el trabajo, el estrés y la familia. Hablamos de cómo los hijos cambian la mirada y nos obligan a soltar, de cómo empezamos a entender a nuestros padres cuando ya es tarde para hacerles todas las preguntas, y de lo que significa atravesar el duelo y aprender a recordar sin quedarnos atrapados en la tristeza. Si buscas reflexión sobre el tiempo, nostalgia, bienestar emocional y cómo disfrutar el presente, aquí encontrarás palabras claras para acompañarte.

También miramos lo que llega con los cincuenta y los sesenta: menos prisa, más atención a lo simple, y una ternura nueva cuando aparecen los nietos y el ciclo parece reiniciarse sin urgencia. Cerramos con un recordatorio práctico y humano: no apresures el mañana, no te aferres al ayer, vive aquí y ahora con todo tu ser.

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Gratitud Y Contexto Personal

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Hoy quiero detenerme un momento y hacer algo diferente. Diferente a todo lo que hemos compartido durante estos meses. Antes que nada, gracias. Gracias de corazón por su tiempo, por estar ahí y por la cercanía que sin darnos cuenta hemos ido construyendo. Este episodio es muy especial para mí, de hecho fue el primero. Nació de una pura improvisación sin libreto, de uno de esos momentos en los que simplemente uno habla desde adentro, sin filtros, y aunque en su momento no pensé en traerlo hasta aquí, hoy sentí que debía compartirlo con todos ustedes. Me encantaría que lo escuchen con calma, con el corazón abierto, Y que permitan que cada palabra encuentre su lugar. Que en ellas puedan descubrir no solo lo que se dice, lo que se siente, sino también por qué se dijo. Si al final, si al final este episodio logra acompañarlos, dejarles algo dentro, regalarles un momento que valga la pena, entonces habrá cumplido su propósito.¿Recuerdas cuando éramos niños? Los juguetes, la bicicleta, los amigos, la inocencia. Veíamos este mundo a nuestro alrededor lleno de colores con tanta, tanta curiosidad. Estamos en primaria. Estamos dando nuestros primeros pasos. Estamos leyendo. sumando, haciendo aritmética. Ya se nos está abriendo un poco el mundo. Pero no queremos primaria, queremos que el tiempo pase rápido, queremos ser más grandes, queremos estar en secundaria y sin saberlo, los días ya están ahí. Estamos en secundaria ya. Ya somos un poquito más grandes. Nos enamoramos por primera vez. Nos damos nuestro primer beso. Y con ese beso comenzamos a querer detener el tiempo un poquito nada más. Porque no queremos que se vayan esas marifosas en nuestro estómago. También estamos aprendiendo. Estamos buscando dentro de nosotros. Tratando de entender... quiénes somos y a dónde vamos. Vemos los autos pasar. No queremos tener 13, no queremos tener 14. Ya queremos nuestro permiso de conducir. Así que queremos que el tiempo pase todavía más rápido. Pero qué poco sabemos. Creemos odiar la escuela y miramos ese último día de clases y decimos, por fin ya vamos a ser libres. Ya no más horarios, ya no más tareas, ya no más profesores, pero la vida nos tiene guardada la sorpresa. Llega el gran día. Abrazamos a nuestros amigos de siempre. Pero en lugar de reír, lloramos. Lloramos en un abrazo. Decimos hasta luego. Se abre la puerta. Cada quien se va a vivir su vida. Ya llegamos, ya estamos en la universidad, ya somos universitarios, pero queremos que el tiempo pase porque ya nos queremos graduar, pero apenas comenzamos, ya comenzamos también a hacer las cosas de la gente grande. Ya nos tomamos una cerveza. Algunos estamos fumando y haciendo las cosas que los adultos hacen. No nos damos cuenta de que el tiempo sigue pasando. Llega la graduación, llega nuestra graduación, ya terminamos, ya. Somos profesionales, ahora sí que somos grandes. Nos comprometemos, nos casamos y al igual que con el beso, queremos frenar el tiempo y guardar ese momento, ese momento sagrado en que dijimos que sí. Pero vamos en un tren a 100 millas por hora. El reloj no para. El trabajo, lo cotidiano, el estrés, la esposa, el esposo, la carrera, todo va rápido y no tenemos control del tiempo. Y sin darnos cuenta, ya tenemos 30. Ahora sí que estamos siendo más grandes, pero esa década se va volando. Y en medio de esa velocidad un día llegan ellos, nuestros hijos. Los cargamos por primera vez y todo, todo cambia. Los vemos dar sus primeros pasos, decir sus primeras palabras. Ir a la escuela, crecer delante de nosotros y sin darnos cuenta. La vida se está repitiendo, pero ahora desde el otro lado. Empezamos a entender a nuestros padres, sus desvelos, sus silencios, su forma de amar sin medida. Y mientras vemos crecer a nuestros hijos, otra vez queremos detener el tiempo. Porque sabemos que esa etapa también se va a ir. Porque sabemos que un día dejarán de caber en nuestros brazos. Y aún así, para nosotros, nunca dejarán de ser nuestros niños. Entramos en los 40.¡Qué número tan grande! Empezamos a ver a nuestros padres diferentes. Comenzamos a ver en sus rostros el paso del tiempo. Y los abrazamos tan, pero tan fuerte. Y en ese abrazo queremos encadenar el tiempo. Que no se vaya, que no se vayan ellos, porque los queremos aquí para siempre. Pero al mismo tiempo vemos a nuestros hijos crecer, volverse independientes, comenzar a hacer su propia vida y la casa empieza a sentirse distinta, más silenciosa, más amplia. La vida, sin pedir permiso, nos enseña a soltar. Comenzamos a entender que nuestros padres no son eternos. Un día llegará en que no esté uno. Que se vaya uno de ellos y después el otro. Y nos levantaremos por primera vez siendo huérfanos.¡Qué palabra tan fuerte! Aprendimos a sumar, a restar, a leer. Ahora estamos aprendiendo a Tratando de vivir sin ellos. Sin sus enseñanzas. Pero no estamos preparados. No sabemos cómo. Pero ese no es el plan de la vida. La vida tiene otros planes. El reloj no para. Sentimos que al irse también murió una parte dentro de nuestro corazón. Y anhelamos. Anhelamos el día que los podamos recordar, no con lágrimas en nuestros ojos, sino con sonrisas. Y aunque sabemos que es muy difícil, esperamos que ese día, algún día, llegue. Ya cruzamos los cincuenta, ese sí que es un número gigante. pero nos damos cuenta de que el camino recorrido es más largo que el que nos espera. Comenzamos a sentir nostalgia. Somos felices, pero a menudo volvemos al aula, volvemos a la escuela, Volvemos a abrazar a nuestros amigos de infancia, volvemos a sentir el primer beso. También miramos a nuestros hijos y ya no vemos niños, vemos adultos. Vemos decisiones, tropiezos, sueños y aunque quisiéramos protegerlos como antes, entendemos que ya no nos toca, que cada uno tiene que vivir su propia historia. Hay tiempo. Ahora sí. Ahora sí queremos detener el tiempo, pero no podemos. Nunca pudimos. El tiempo sigue corriendo. Casi sin darnos cuenta. Llegan los 60. La vida empieza a bajar el ritmo ya. No todo es prisa, ya no todo es urgencia. Aprendemos a mirar distinto, a valorar lo simple. Una conversación tranquila, un día sin apuro, un abrazo que ahora se siente más profundo. Y entonces llegan ellos, los nietos, y algo vuelve a empezar. La casa vuelve a llenarse de risas, de pasos pequeños, de preguntas infinitas, de juguetes en el suelo. Volvemos a ver la vida comenzar, pero ahora sin prisa, más calma y con más ternura. Nos miramos y vemos a nuestros hijos cuando eran pequeños y de alguna forma también nos vemos a nosotros mismos. Y por un instante el tiempo no pesa. solo se siente llegan los 70 los 80 y el mundo se va haciendo más pequeño muchos ya no están Los silencios pesan distinto. El cuerpo cambia, pero los recuerdos siguen ahí, vivos, presentes, acompañándonos. Ya no miramos tan lejos, miramos acerca. Un amanecer, una llamada, una visita, una mano que todavía podemos sostener. Entonces, entonces lo entendemos. Es asombroso ver cómo nuestra perspectiva cambia. Cada etapa tiene su propósito, tiene su razón de ser. Permite que el tiempo te enseñe a ser paciente, a ser valiente, a entender que cada momento es un regalo, cada momento es un presente. No te apresures. No desees que el tiempo avance rápido. Disfruta el presente. Atesora los momentos de la vida. Saborealos y guárdalos en tu corazón para siempre. No dañes la magia de cada etapa queriendo adelantar el reloj porque cada segundo es un tesoro. Cada instante es una eternidad.

UNKNOWN

Vive.

Cierre: El Tiempo Revela La Vida

SPEAKER_00

Vive con intensidad, vive sin apuro, que la vida, la vida en sí es un milagro, un viaje único y en ese viaje encuentra la calma, abraza las risas, llora sin temor, que cada emoción es parte del alma y cada experiencia es un susurro de amor. Adora los días de sol, adora el cielo azul y las lluvias, aprende de las sombras, celebra la luz porque en la dualidad de la vida se forja tu espíritu, se encuentra tu verdad. Permite que el tiempo te siga enseñando incluso cuando creas que ya lo has entendido todo. Y cuando mires hacia atrás, que sea con gratitud y alegría por haber vivido, vivido plenamente cada segundo de tu vida. No apresures el mañana, no te aferres al ayer. Vive aquí, vive ahora con todo tu ser. Porque... En el fluir del tiempo, en su danza eterna y sutil, no encontramos el final de la vida. Encontramos la vida misma.