CIRCULOS INFINITOS

Ajustar no es rendirse: lo que haces después del tropiezo

VIDAL ESTEVEZ Season 47 Episode 1

Un instante de belleza abre la puerta a una verdad más honda: las obras que parecen inevitables casi no llegan a existir. Arrancamos con una lectura que ilumina el contraste entre el mito del destino y la realidad del proceso: deuda, rechazo, cansancio y la terquedad de enviar páginas sin garantías. Desde ahí, nos metemos de lleno en el corazón del tema: cómo interpretar la duda, el silencio y el tropiezo cuando estás creando algo que importa.

Compartimos una forma práctica de leer el golpe: no como sentencia, sino como información. Distinguimos entre la voz que acusa y la voz que enseña, y proponemos preguntas simples para convertir la caída en aprendizaje accionable: qué funcionó, qué no y qué ajusto hoy. Hablamos de la parte invisible del proceso creativo, esa zona sin aplausos donde muchos abandonan, y ofrecemos herramientas para sostenerte: métricas de proceso, bloques de trabajo profundo, descansos intencionales y una microcomunidad que te haga espejo sin humo.

Este recorrido no romantiza el dolor; lo ubica como señal de que algo valioso está en juego. Si sientes que nada responde, puede que estés en la fase donde se forja el carácter y no en un callejón sin salida. Cerramos con una pregunta que vale oro cuando el ánimo flaquea: ¿lo dejo porque no es mi camino o porque el camino me pide ser más fuerte? Respira, decide con calma y recuerda que muchas veces la versión de ti que puede sostener lo grande aparece justo después del tropiezo que más duele.

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Vidal Estevez:

Esto es Círculos Infinitos, yo soy Vidal Esteves. Hay encuentros que no se planean y aún así suceden en el momento exacto. Tal vez vas caminando rumbo al trabajo o regresando a casa, tal vez estás en plena noche, sin poder dormir o quizás el mundo sigue girando y solo necesitas un respiro. Sea como sea, gracias por estar aquí. Hola, gracias por la sintonía. Hoy voy a romper mi formato habitual desde el primer segundo. Vas a escuchar un fragmento leído y sé que te va a sorprender, pero solo te pido que no te vayas porque este inicio tiene un propósito y en el desarrollo del episodio vas a sentir el porqué. Remedios, la bella, fue proclamada reina. Úrsula, que se estremecía ante la belleza inquietante de la bisnieta, no pudo impedir la elección. Hasta entonces había conseguido que no saliera a la calle, como no fuera para ir a misa con Amaranta, pero la obligaba a cubrirse la cara con una mantilla negra. Los hombres menos piadosos, los que se disfrazaban de curas para decir misas en la tienda de Catarino, asistían a la iglesia con el único propósito de ver, aunque fuera un instante, el rostro de remedios, la bella, de cuya hermosura legendaria se hablaba con un fervor sobrecogido en todo el ámbito de la ciénaga. Pasó mucho tiempo antes de que lo consiguieran, y más les hubiera valido que la ocasión no llegara nunca, porque la mayoría de ellos no pudo recuperar jamás la placidez del sueño. En otra parte hermosa dice el sexto domingo, el caballero apareció con una rosa amarilla en la mano. Oyó la misa de pie, como lo hacía siempre, y al final se interpuso el paso de remedios, la bella, y le ofreció la rosa solitaria. Ella la recibió con un gesto natural, como si hubiera estado preparada para aquel homenaje, y entonces se descubrió el rostro por un instante y dio las gracias con una sonrisa. Fue todo cuanto hizo, pero no solo para el caballero, sino para todos los hombres que tuvieron el desechado privilegio de vivirlo. Aquel fue un instante eterno. Lo que acabas de escuchar hoy suena inevitable. Suena como algo que siempre estuvo destinado a existir, como si el mundo hubiera tenido garantizado el derecho de escuchar estas palabras. Pero no fue así. Hubo un momento en que esta historia no le pertenecía al mundo. Solo existía en la mente de una persona, cargada de dudas, de cansancio, de preguntas incómodas sobre si valía la pena seguir, sobre si lo que estaba creando tenía algún sentido más allá de él mismo. Después de casi un año y medio escribiendo sin ingresos, viviendo endeudado, rechazado, sin ninguna garantía de que un editorial aceptara la obra, y llegando incluso al punto de no tener dinero suficiente para enviar el manuscrito completo por correo, sin saber si alguna vez sería publicado. Antes de ser una obra que tocó millones, esto fue incertidumbre. Antes de ser celebrado, fue cuestionado, antes de importar, fue frágil. Y ese espacio better than creer y no saber un lugar que todos conocemos. No es exclusivo de escritores ni de artistas, es el lugar donde cae cualquier persona who has intentado construir algo con propósito, algo que nace del corazón, como cien años de soledad. Ahí es donde la mayoría tropieza, no porque no tenga la capacidad de seguir, sino porque interpreta la duda como una señal para detenerse. Confundimos el silencio con rechazo, el cansancio con fracaso, la incertidumbre con error. Pero la duda no aparece cuando estamos haciendo algo irrelevante, la duda aparece cuando estamos tocando algo que importa de verdad, algo que nos exige crecer. Por eso hoy quiero hablarte de los tropiezos, no de los fracasos de los tropiezos. Porque el tropiezo es humano, el tropiezo ocurre, el tropiezo no te detiene, te informa. El problema nunca ha sido tropezar, el verdadero problema es la historia que nos contamos después de caer. Porque después de un tropiezo siempre aparecen dos voces, una voz que acusa y otra que enseña. La voz que acusa te dice que no sirves, que no eres suficiente, que ya lo intentaste y no funcionó. La voz que enseña te pregunta qué aprendiste, qué necesitas ajustar, qué parte de ti todavía está creciendo, y ahí, exactamente ahí, se separan los caminos, no por talento, no por suerte, sino por interpretación. Cuando pensamos en una obra como esta, como dijimos antes, solemos verla como algo inevitable, como si siempre hubiera estado destinada a existir, pero no, existió porque alguien decidió quedarse cuando todavía no había garantías. No porque supiera el final, sino porque creyó en el proceso, y eso es profundamente humano. Porque cuando tú estás construyendo algo, tú tampoco sabes si va a funcionar. Tú no tienes garantías, tú solo tienes esa mezcla extraña de fe, serquedad y esperanza que te dice: No sé cómo, pero siento que por aquí es. Y entonces llega el tropiezo. Llega cuando no hay respuesta, cuando no hay aplausos, cuando no hay resultados, cuando das y no vuelve nada. Cuando te preguntas si estás perdiendo el tiempo y ese momento es un cruce de caminos. La mayoría se baja ahí, no porque no pueda seguir, sino porque confunde el tropiezo con una sentencia. Pero escucha esto con calma. El tropiezo no significa que no puedes, significa que esto importa. Porque lo que no importa no duele. Lo que no importa se suelta fácil. Solo duele aquello que toca algo profundo. Solo incomoda aquello que nos exige más de lo que éramos cuando empezamos. Tal vez tu tropiezo no fue perder dinero. Tal vez fue dar lo mejor de ti y recibir silencio. Tal vez fue lanzar algo con ilusión y no obtener respuesta. Tal vez fue creer en algo que otros simplemente no entendieron. Tal vez fue empezar una meta, y a mitad del camino sentir que te quedaste sin aire. Y ahí es donde la mente hace lo suyo y empieza a decirte que te rindas, que no insistas, que no era para ti. Y aquí quiero frenarte con cariño, porque muchas veces no abandonamos porque no podemos, abandonamos porque nos cansamos de no ver resultados rápidos. Nos cansamos del silencio, nos cansamos de sentir que estamos solos in el proceso, and el tropiezo se convierte en una excusa elegante para rendirnos sin sentir culpa. Pero ajustar no es rendirse, ajustar es madurar, ajustar es entender que quizá no necesitas abandonar el sueño, sino cambiar el ritmo que quizás no necesitas soltar la meta, sino aprender a caminar la distinto, que quizá no te falta talento, sino constancia, paciencia o entorno. El tropiezo no llega para humillarte, llega para entrenarte. Por eso, la próxima vez que tropieces, no tomes decisiones definitivas en medio del cansancio, no etiquetes el momento como fracaso. Detente y pregúntate con honestidad qué exactamente pasó, qué parte sí funcionó, aunque sea mínima y qué necesitas ajustar ahora, no mañana, no cuando todo esté claro ahora. Porque muchas veces el tropiezo no te está diciendo para, te está diciendo ajusta. Y aquí está la conexión real con la historia que abrimos hoy. No que alguien logró algo grande, sino que alguien no se fue cuando todavía no había razones externas para quedarse. Qualguien entendió que el proceso de crear algo valioso también implica caminar a oscuras, insistir sin aplausos y sostener una convicción incluso cuando el resultado no se ve. Si hoy estás escuchando esto y te sientes frustrado, cansado, decepcionado because algo no está funcionando como esperabas. No asumas automáticamente que es un fracaso. Tal vez estás en la parte invisible del proceso, esa parte donde nadie ve, donde nadie celebra, donde nadie valida, esa parte donde solo estás tú y tu decisión de seguir. Esa parte también cuenta, esa parte forma tu carácter. Así que si hoy tropezaste, no corras a sacar conclusiones, no llames fracaso a lo que todavía está en proceso. No tomes decisiones definitivas desde la herida. Lo que hoy pesa, lo que hoy duele, lo que hoy incomoda, no llegó para destruirte, llegó para formarte. Nadie sostiene algo grande sin antes haberse sentido pequeño en el camino. Nadie sostiene algo grande sin antes haberse sentido pequeño en el camino. Si estas palabras que escuchaste hoy casi no existieron, si este libro casi no llegó a tus manos, entonces entiende esto como una señal. No todo lo que tarda está mal, no todo lo que cuesta es un error y no todo tropiezo es una invitación a rendirte. A veces es exactamente lo contrario, a veces es la vida preguntándote si estás dispuesto a seguir, aún cuando no hay garantías. Así que antes de soltar, antes de bajar los brazos, antes de decir esto no es para mí, hazte esta pregunta con honestidad brutal. ¿Estoy dejando esto porque realmente no es mi camino? O porque el camino me está exigiendo convertirme en alguien más fuerte. Quédate con esa pregunta, respírala y decide desde ahí. Porque muchas veces, justo después del tropiezo que más duele, está la versión de ti que todavía no conoces. Hasta la próxima.