CIRCULOS INFINITOS
Todo lo que conocemos, sentimos y pensamos está entrelazado.
Las ideas, las emociones y los descubrimientos no se detienen; evolucionan, resurgen y abren caminos inesperados, conectando lo que antes parecía distante.
Círculos Infinitos es un espacio para explorar lo que nos transforma: las mentes que cambiaron el mundo, los inventos que redefinieron nuestra forma de vivir, el impacto de las palabras, el misterio del tiempo.
El amor, la música y esos momentos que nos dejan huella.
Porque cada pensamiento abre una nueva puerta.
Y cuando crees haber llegado al final… descubres que, en realidad, apenas estás comenzando.
CIRCULOS INFINITOS
Serie Inquebrantables - Episodio 11: Terry Fox: Contra el Cáncer, sin rendirse
¿Qué hace que una persona corra una maratón diaria con una prótesis y un dolor constante? Abrimos el corazón para contar la vida de Terry Fox, un joven que convirtió la devastación del cáncer en un acto público de esperanza. Su gesto en la costa de Terranova, tomando agua del Atlántico y dejándola caer sobre su pierna artificial, fue el inicio de una ruta que cambió a millones: 5,373 kilómetros, 143 días, y una promesa sencilla que encendió a un país entero.
Recorremos su diagnóstico de osteosarcoma, la amputación por encima de la rodilla a los 18 años y el momento en que la sala del hospital se volvió brújula. Inspirado por otros, diseñó un plan brutal en su claridad: correr 42 kilómetros diarios con una prótesis hecha para caminar y recaudar un dólar por cada canadiense para la investigación del cáncer. Al comienzo nadie lo miraba; luego, las carreteras se llenaron de familias, cámaras y niños con monedas. La hazaña dejó de ser individual: se transformó en un movimiento cívico que puso la ciencia y la solidaridad en la misma zancada.
También miramos el costo: el dolor en el pecho, la recaída, la pausa obligada y la despedida a los 22 años. Terry no tocó el Pacífico, pero su legado cruzó fronteras. Hoy, la Maratón de la Esperanza reúne a millones en más de 60 países y la Fundación Terry Fox ha recaudado cientos de millones para impulsar terapias y ensayos oncológicos. Más que una biografía, es una invitación a redefinir el éxito: no es solo llegar, es atreverse a empezar y sostener el paso cuando el miedo grita alto.
Si esta historia te movió, ayúdanos a correrla más lejos: comparte el episodio, suscríbete para no perder nuevos perfiles de personas inquebrantables y deja tu reseña con lo que más te inspiró. ¿Qué primer kilómetro te animas a dar hoy?
Esto es Círculos Infinitos. Yo soy Vidal Estévez, Hay encuentros que no se planean y aún así suceden en el momento exacto. Tal vez vas caminando rumbo al trabajo o regresando a casa, tal vez estás en plena noche, sin poder dormir o quizás el mundo sigue girando y solo necesitas un respiro. Sea como sea, gracias por estar aquí. La carrera contra lo imposible. Bienvenidos a Inquebrantables, la serie donde exploramos las vidas de aquellos que enfrentaron la adversidad con una determinación inquebrantable. Hoy, este episodio es especialmente personal para mí. Como ustedes saben, he perdido a mis padres y a otros seres queridos a causa del cáncer, y sé que muchos de ustedes también han vivido de cerca el impacto devastador de esta enfermedad. Es un enemigo silencioso que nos arrebata personas que amamos, que transforma familias y que deja cicatrices muy profundas en nuestros corazones. Por eso, la historia que les traigo hoy no es solo inspiradora, es un símbolo de resistencia, esperanza y lucha. Terry Fox no solo enfrentó el cáncer, sino que decidió desafiarlo, correr contra él y convertir su dolor en una causa que cambiaría vidas. Esta es su historia. Era una madrugada fría el 12 de abril de 1980 en St. John's Terranova. El sol apenas iluminaba la costa cuando un joven de 21 años, con cabello rizo y una mirada llena de convicción, se acercó al océano Atlántico, se inclinó, tomó un poco de agua con las manos y la dejó caer sobre su pierna prostética. Ese gesto marcó el inicio de algo extraordinario. Jerry Fox no era un atleta de élite, ni un hombre con recursos, ni patrocinadores o tecnología muy avanzada. Era solo un joven con un solo sueño: cruzar Canadá corriendo una maratón al día, con el único propósito de recaudar fondos para la investigación del cáncer. Era un sueño que parecía imposible, pero para Terry, lo imposible solo era una línea que estaba a punto de cruzar. Tres años antes, Terry era un adolescente común, amaba el baloncesto y el atletismo. Disfrutaba competir y tenía un espíritu incansable, pero un día empezó a sentir un dolor punzante en la rodilla derecha. Al principio lo ignoró, pensó que era solamente una lesión sin importancia, pero el dolor creció hasta volverse insoportable. Los médicos le dieron la noticia que nadie quiere escuchar. Osteozarcoma. Un cáncer agresivo en los huesos. Su única opción para sobrevivir era amputarse la pierna por encima de la rodilla y someterse a un tratamiento devastador. Tenía apenas 18 años cuando despertó después de la cirugía. Miró la cama vacía donde solía estar su pierna y comprendió que su vida nunca volvería a ser la misma. Para muchos, esa sería una sentencia de derrota para Terry. Fue el inicio de una misión. Durante su recuperación, Terry vio a otros pacientes, muchos de ellos niños, enfrentando el cáncer con miedo y con incertidumbre. Fue entonces cuando lo decidió. No podía quedarse de brazos cruzados. Inspirado por un atleta amputado que había corrido el maratón de Nueva York, Terry se propuso algo aún más grande, correr de costa a costa a través de Canadá. El plan era simple, pero brutal. Primero, correr 42 kilómetros diarios que era el equivalente a un maratón. Segundo, hacerlo con una pierna prostética diseñada solo para caminar. Y por último, recaudar un dólar por cada canadiense para la investigación del cáncer. Era una idea tan ambiciosa que muchos pensaron que no duraría ni una semana, pero nadie conocía la voluntad de Terry. Los primeros días fueron solitarios, nadie lo conocía, nadie prestaba atención a ese joven que corría con un movimiento rígido, golpeando el pavimento con su prótesis en un ritmo desigual. Pero él siguió. A medida que avanzaba, las cosas empezaban a cambiar, los medios comenzaron a hablar de él, la gente salía a las carreteras para aplaudirlo, los niños le entregaban sus ahorros en moneda. Su historia conmovió a toda una nación. Las donaciones crecían día a día. Su resistencia sorprendía a todos y su mensaje inspiraba más allá de Canadá. Terry Fox corría con dolor, con fatiga, con heridas en la piel por el roce de su prótesis, pero nunca se detuvo, hasta que el cáncer lo obligó a hacerlo. El primero de septiembre de 1980, después de 143 días y más de 5.373 kilómetros, Terry sintió un dolor en el pecho. Al principio pensó que era el cansancio acumulado, pero el dolor aumentó. Se sometió a pruebas y recibió la peor noticia. El cáncer había regresado, esta vez a sus pulmones. Se vio obligado a detener su maratón y regresar a casa para recibir tratamiento. Desde su habitación de hospital, vio como su país seguía su causa, la gente siguió donando y la gente siguió corriendo por él. El 28 de junio de 1981, a los 22 años, Terry Fox falleció. Nunca llegó al Océano Pacífico, pero su legado cruzó fronteras. Terry nunca terminó su maratón, pero el mundo lo sigue corriendo por él. Cada año, millones de personas participan en el maratón de la esperanza en más de, oigan esto, 60 países. Hasta la fecha, la Fundación Terry Fox ha recaudado más de 850 millones de dólares para la investigación del cáncer y él es un héroe nacional en Canadá con estatuas, calles y escuelas en su honor. Terry Fox no corrió por gloria, no corrió por fama, corrió para darle esperanza a quienes la habían perdido. Terry Fox sabía que quizá nunca llegaría al final de su maratón, sabía que su cuerpo tenía un límite, pero eligió correr de todos modos. Y en su historia hay una lección que nos desafía a todos. ¿Cuántas veces dejamos que el miedo nos detenga? ¿Cuántas veces creemos que nuestras limitaciones son más grandes que nuestros sueños? Terry nos enseñó que lo que realmente importa no es alcanzar la meta, sino atreverse a empezar. Nosotros solemos esperar. Esperamos hasta sentirnos listos, hasta tener más tiempo, más dinero, más oportunidades. Terry no esperó. Terry corrió. Y ahora la pregunta es: ¿qué nos detiene a nosotros? Si él, con una pierna amputada y un cáncer terminal, pudo desafiar el destino, ¿qué excusa nos queda a los demás? Su historia nos recuerda que el mayor fracaso no es perder, sino nunca haberlo intentado. Así terminamos este episodio de Inquebrantable. Sterry Fox nos dejó una lección que trasciende generaciones. El espíritu humano es más fuerte que cualquier obstáculo. Nos escuchamos en el próximo episodio donde seguiremos explorando la vida de aquellos que, contra todo pronóstico, se convirtieron en inquebrantables. Hasta la próxima.